jueves, 14 de agosto de 2008

San Francisco (Primer dia)


Ayer conocimos el Loris Dinner para cenar y ya nos hemos encaprichado de el, asi que fuimos a desayunar tambien. Es un sitio tipico de los 50, con la gente muy amable, cosa que nos esta llamando la atencion, lo especialmente simpaticos que en todos lados estan siendo con nosotros. De hecho a mi me gusta tanto que ya la camarera me pone el sirope de pantalon...

Empezamos nuestra ruta turistica, cerca del hotel. San Francisco se caracteriza, entre otras cosas, por su alto nivel de mendicidad; pues bien, cerca de nuestro hotel se concentra el 75 por ciento de ella, de tal manera que en los 10 minutos de paseo Bego habia visto ya en riesgo su vida varias veces. Marta, ajena a ello, entro en una tienda a comprar un convertidor, elevando el nivel de nerviosismo de Bego a la enesima potencia.

El segundo tramo de la visita fue mas duro, con las tradicionales cuestas. Maria quiso asumir una postura pasiva y se olvido un rato de su guia azul; al final la echo de menos y la volvio a acoger en su seno.

Ana aprovecho una visita a la Iglesia presbiteriana para darse de alta en la misma y pedir que, como oveja perdida, la devuelvan al camino; solicito ir a las misiones.

Asi, a trompicones, llegamos a Lombard (la famosa de las curvitas) y eso y comer en el barrio italiano fue todo uno. En este lugar Marta descubrio que es un cipote, con perdon. Y hemos acordado que ahi lo dejamos.

Seguimos por Chinatown, y si la frase mas oida del dia anterior fue "Recalculando" , la de hoy fue "Donde esta Marta???" Sobran todo tipo de comentarios. Este dia se empezo a inocular el veneno de las compras y quien mas quien menos empezo a comprar de todo. La cabeza mas fria la tuve yo, tampoco hacia falta decirlo, que solo me compre unas gafas de sol, por aquello que, despues de probarme 20.000 para que Ana se decidiese por unas para su hermano, pues alguna me tuvo que gustar a mi, obviamente.

Ese dia acabo buscando tiendas por todos sitios y cenando en la terraza de unos grandes almacenes, donde Rebeca y Maria no se lograron entender con la camarera ni pidiendole una hamburguesa normal.

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