Otra vez a horas intempestivas, salimos del hotel para devolver el coche, que dejamos como un auténtico asco, y coger el bus que nos llevaría al aeropuerto. Tanto en el sitio de los coches como en el aeropuerto, descubrimos lo mal que lo llevan los italianos con eso de guardar la fila y esperar su turno. Una vez en el aeropuerto y facturado el equipaje, Marta se fue a echar un cigarrito... y ya no volvimos a saber de ella hasta poco antes de coger el avión... Lo de ¿Dónde está Marta? se volvió a oír repetidas veces.
El caso, que para hacer tiempo, y gastar los últimos dólares, decidimos hacer un amigo invisible, así que compramos cosas más o menos chulas, pero cada una con un valor sentimental, porque casi todos los regalos recogieron algo de lo que había caracterizado nuestro viaje en cada uno de nosotros. Los entregamos en el avión, los 6 juntos en un espacio donde cabían 5 sentados, así que como os imagináis volvimos a dar la nota.
La primera parte del vuelo se hizo más o menos amena, a lo que ayudó una peli que no estaba mal. La segunda parte se hizo más jodida, sobre todo para quienes apenas consiguieron dormir. Y a eso de las 8 aterrizamos en Barajas, recogimos las maletas /esta vez no perdieron ninguna) y cada uno nos fuimos a nuestra casa, a pasar el jet lag como mejor pudiéramos y convencidos que, pesa a todo, habíamos hecho uno de los mejores viajes de nuestra vida.
El caso, que para hacer tiempo, y gastar los últimos dólares, decidimos hacer un amigo invisible, así que compramos cosas más o menos chulas, pero cada una con un valor sentimental, porque casi todos los regalos recogieron algo de lo que había caracterizado nuestro viaje en cada uno de nosotros. Los entregamos en el avión, los 6 juntos en un espacio donde cabían 5 sentados, así que como os imagináis volvimos a dar la nota.
La primera parte del vuelo se hizo más o menos amena, a lo que ayudó una peli que no estaba mal. La segunda parte se hizo más jodida, sobre todo para quienes apenas consiguieron dormir. Y a eso de las 8 aterrizamos en Barajas, recogimos las maletas /esta vez no perdieron ninguna) y cada uno nos fuimos a nuestra casa, a pasar el jet lag como mejor pudiéramos y convencidos que, pesa a todo, habíamos hecho uno de los mejores viajes de nuestra vida.
