Otra vez de buena mañana, a una hora en la que la gente ya empezaba a jugar y otros aún no lo habían dejado, nos metimos en nuestro SUV color rosa, destino al Gran Cañón. Nuestras guia era inmensa, dos como yo salían de una de sus piernas; eso sí, tremendamente simpática. Ya en el estado de Arizona, y tras una parada técnica en no se sabe bien qué era, si bar, cantina, tienda de gasolinera o que, llegamos al Gran Cañón, y nos empezamos a quedar sin palabras. Pero no era nada comparado con lo que nos esperaba.
Pro primera vez en el viaje, el grupo se dividió. El pánico de Mery al helicóptero y a su bajada en picado, hizo que escogiese otra opción de visita, mientras el resto esperábamos ansiosos el helicóptero que nos llevase al interior del cañón y luego a navegar por el Río Colorado. El vuelo fue una auténtica pasada, era impresionante sobrevolar el gran cañón, y cuando empiezas a bajar hacia el interior...indescriptible. La única que no mostraba su emoción era Bego, que iba callada, callada, a lo más sonreía; yo creo que iba rezando todo el rato y por eso no musitaba palabra. Una vez abajo, lo de recorrer el Colorado es más bien un poco tontería, pero verte rodeado de esa mole...hubo un momento en que cada uno nos fijamos que llevábamos todos la boca abierta. Y si el viaje de bajada fue una pasada, el de subida casi mejor, porque el piloto era un cachondo y cuanto más gritaban las jennys más trompos hacía el tío. Y cuando levanto la cola del aparato y se puso en paralelo a la pared del cañón...inmejorable. Así que con gran pena aterrizamos, convencidos de que había sido el dinero mejor empleado en el viaje y con ganas de volverlo a hacer.
Un rato después nos encontramos de nuevo con Mery en el merendero habilitado al lado del Skywalk, donde comimos entre cuervos un menú que, para estar en mitad de ningún sitio, no estaba nada mal. Y tras recorrer el precipicio del Gran Cañon y hacernos las fotos de rigor volvimos a Las Vegas, no sin antes hacer una brevísima parada en la Presa Hoover, el tiempo necesario para hacer unas fotos y listo.
Al llegar, volvimos a dividirnos, y mientras Mery se fue a ver hoteles, el resto nos fuimos de compras a un Outlet que nos habían recomendado y en el que nos pusimos las botas. Por fin el tiempo me dio la razón en algo, y la tienda de Levis vino a demostrar que Fishermans no era el mejor sitio para comprarlos. Pero como me estoy echando a perder, la verdad es que no hice nada de recochineo.
Así que con el maletero lleno de bolsas, volvimos a Las Vegas, a cenar en el mismo sitio que ayer y luego a ver unos hotelillos antes de volvernos a emplitrar.

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