viernes, 26 de septiembre de 2008

Ridgescret - Death Valley - Las Vegas



Pues eso, a las 5 de la mañana estabamos en danza para salir hacia el desierto y llegar a Death Valley. Era el camino que desde el primer día me apatecía conducir: atravesar el desierto, esas carreteras totalmente rectas, sin nada a la vista y nadie en las cercanías. Y la verdad es que no defraudó para nada, era tal y como lo habíamos imaginado. La única pega era no poder pasar de 55 o 60 millas por hora, con lo que en momentos lo convertía en un coñazo. Dado lo inofensivo del camino, para darle un poco de vidilla al tema quisimos dejar conducir a Bego, pero a Mery no le parecía nada divertido, sino lo contrario, por lo que al final desistimos.




Otro momento de tensión fue cuando nos apartamos de la carretera principal para coger un atajo; al cabo de unas millas, desapareció el asfalto y los caminos rectos, para meternos en caminos de tierra que transcurrían entre cañones y sin indicación alguna; creo que fue de los momentos más interesantes del viaje... aunque alguna no pensara lo mismo. Al final, el atajo funcionó y salimos de nuevo a la carretera.




Un poco más tarde hicios una primera paradilla en un racho poco antes de entrar en el Parque Natural de Death Valley, y tuvimos el primer contacto con el calor del lugar, tan sofocante como nos temíamos. De ahí a la entrada al Parque no hubo casi nada e iniciamos el recorrido por Death Valley. Algunas casi no bajaban del coche y otros lo hacíamos quizá demasiado; en una de esas pululé en busca de lo que denominaban "Natural Bridge", en el interior de un desfiladero, y al final estaba a un paseo, con lo cual quienes permanecieron en el coche creían ya verme deshidatado y famélico vagando por el desierto mientras os buitres sobrevolaban mi cabeza... Lo cierto es que, calor aparte, Death Valley fue una de las visitas que mas nos gustó.




Llegamos horas después al estado de Nevada, y a su primer restaurante: Nevada Joe's, fachada de color rosa, 2 grandes lazos rojos de los de Stop al SIDA en su tejado, un cowboy como logo y, según Ana y Rebeca que entrarán en él y salieron corriendo (literalmente) lleno de violadores en potencia. En la parte trasera tenía un anexo, bajo el nombre de "The house of Prostitution"; se notaba que acababamos de entrar en el estado donde todo está permitido.




Tuvimos ciertos problemas para comer; tanto es así que lo acabamos haciendo una vez registrados en nuestro hotel...a las 6 de la tarde. Nuestro hotel tiene unas 3000 habitaciones, varias alas y un edificio anexo. Registrarse llevó una hora de cola. En una de las plantas tiene un "pequeño" parque de atracciones, con montaña rusa incluida; Rebe me hizo quedar mal jugando a la maquina esta que te dan un mazo y tienes que dar a la báscula para que en lo alto la pesa haga "gong"; baste decir que no podía ni con el mazo. Toda la planta de abajo son salones de juego, tal y como se ve en las películas: máquinas y más máquinas, ruletas, mesas de black jack y la peña medio zombi dejándose las pelas. También estuvimos viendo la posibilidad de hacer una ceremonia de renovación de votos matrimoniales y visitamos la capilla del hotel, pero el hecho de tener que no me facilitaran directamente el traje de Elvis nos hizo desistir.




Tras lo cual, tras un paso por la habitación para descansar un rato, y una vez llegada la noche, fuimos a pasear por la ciudad. Os podéis imaginar: ostentación, mogollón de peña, limousinas, despedidas de soltero, y gente, y más gente, y más gente, todo a lo bestia. Lo de algunos hoteles, como el Venecia, es difícil de explicar; un hotel que tiene dentro canales y góndolas...Desde luego es algo fuera de lugar. Ah!!! Y qué pivas!!! Ni os lo imagináis, tremendas!!!! Creo que no se me cerró la boca en ningún momento; me gané unas cuentas collejas de tanto girarme, pero valieron la pena.




En fin, lo mejor de la noche fue encontrar un restaurante donde hacían comida algo parecido a la española, así que por una noche dejamos las hamburguesas, ensaladas, sandwich y similar y pudimos comer algo decente, junto con una sangría peleona, peleona.




Y teniendo en cuenta que a la mañana siguiente también madrugabamos, y que llevábamos desde las 5 de la mañana pululando, después de cenar nos fuimos a empiltrar.

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